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K‑Y

Un icono del placer cómodo y consciente

K‑Y es sinónimo de suavidad confiable. Un gesto íntimo, un deslizamiento sutil, una calma que prepara el terreno para que el deseo fluya con naturalidad. Desde hace más de un siglo, esta marca ha acompañado a millones de personas en su forma más sencilla y elegante de cuidar el placer: con lubricantes que respetan el cuerpo, honran la conexión y celebran la sensibilidad de cada encuentro.

Su filosofía es clara: cuando el confort está garantizado, el placer se amplifica. K‑Y entiende que la lubricación no es un extra, sino una herramienta de bienestar sexual que abre puertas a experiencias más sensoriales, inclusivas y conscientes. Por eso diseña fórmulas pensadas para todas las personas, todas las edades y todas las etapas de la vida, sin juicios, sin tabúes, con una mirada moderna y sex‑positive. Aquí, la elegancia no es una pose: es un estándar que se siente en la piel.

Más de un siglo creando confianza: de la sala de cirugía al dormitorio

La historia de K‑Y es, en sí misma, un puente entre lo clínico y lo sensual. Nació en torno a 1904 como un lubricante quirúrgico, diseñado para aportar seguridad y limpieza en el contexto médico. Esa herencia de precisión y cuidado, lejos de perderse, se convirtió en la base de una transición inteligente hacia el universo del bienestar sexual.

Durante décadas, K‑Y mantuvo un perfil discreto, presente en consultas y hospitales, hasta que su uso dio un salto decisivo: a partir de 1980, su lubricante pasó a estar disponible sin receta en Estados Unidos. Ese gesto abrió la puerta a una relación más libre con el placer, transformando a K‑Y en un “básico de mesilla” y en una marca pionera dentro de la categoría íntima. La confianza médica evolucionó en confianza emocional: lo que se sentía seguro también podía sentirse profundamente agradable.

Hoy, K‑Y forma parte de un ecosistema global de bienestar sexual y convive con una audiencia diversa que busca algo más que un producto: busca una experiencia honesta, consistente y amable con el cuerpo. Su presencia cultural es amplia y su legado, innegable; sigue siendo referencia cuando hablamos de lubricantes que hacen las cosas bien, sin artificios.

Diseño formulado para sentir: texturas, bases y compatibilidades

Si K‑Y es un clásico es porque sus fórmulas están pensadas para un uso intuitivo y seguro. La marca se hizo célebre con su gel a base de agua de textura densa y tacto sedoso. Es un gel agradable, sin perfumes ni colorantes añadidos, fácil de limpiar y con una sensación limpia sobre la piel. Esa sobriedad elegante es una decisión de diseño: nada que distraiga de lo esencial.

El agua como aliada

Los lubricantes acuosos de K‑Y, incluido el gel más icónico, son hidrosolubles, no manchan y se lavan con facilidad. Están concebidos para ser biológicamente inertes y para no reaccionar con preservativos de látex. Su consistencia gel permite una aplicación precisa y un control natural de la cantidad. Si se secan con el tiempo, basta una gota de agua para reactivar la sensación sedosa. Es una fórmula que dialoga con el cuerpo y responde a su ritmo.

Explorando otras bases: silicona e híbridos

Además de sus propuestas a base de agua, K‑Y ha desarrollado opciones de mayor deslizamiento y resistencia a la humedad, incorporando tecnologías en torno a la silicona y mezclas híbridas. Estas fórmulas, pensadas para duraciones más prolongadas, expanden el catálogo sensorial de la marca y se suman a un mapa cada vez más diverso de usos y preferencias. Como las colecciones varían por mercado, la compatibilidad con accesorios y materiales se confirma siempre revisando las indicaciones de cada producto, manteniendo el mismo principio rector: placer con criterio.

Sensaciones que despiertan el cuerpo

El universo actual de K‑Y incluye variantes con efecto cálido, estimulante o “natural feeling”, así como propuestas orientadas a prolongar el encuentro. Son matices que enriquecen la experiencia sin imponerse. La clave es el equilibrio: un toque que invita, no que abruma.

Lo que hay detrás de una lista de ingredientes

En sus formulaciones de base acuosa, K‑Y emplea espesantes y humectantes como la glicerina o la hidroxi etil celulosa para lograr una textura confortable, además de reguladores de pH y conservantes cuidadosamente dosificados que mantienen el producto estable y seguro. Más allá de los nombres técnicos, lo que importa es la intención: un perfil sensorial amable y una interacción respetuosa con la piel.

Innovación con propósito: placer inclusivo, bienestar real

K‑Y articula la innovación a partir de una premisa: hacer que el placer sea más accesible, más cómodo y más propio para cada persona. Eso significa pensar en el deseo en plural. La sequedad íntima puede aparecer por múltiples motivos —momentos de estrés, cambios hormonales, posparto, etapas de la vida—, y el uso de un buen lubricante no es un “plan B”, sino un acto de autocuidado que facilita el encuentro con el propio cuerpo y con el de la pareja.

La marca ha evolucionado con el conocimiento y la responsabilidad que exigen los productos íntimos. Hoy subraya con claridad que sus lubricantes estándar no contienen espermicida y no previenen el embarazo. Su comunicación es didáctica sin ser clínica, franca sin perder calidez: la idea es empoderar a las personas para que elijan con información y placer.

Al integrar nuevas texturas, efectos y duraciones, K‑Y mantiene la coherencia de sus estándares de calidad y su enfoque en la seguridad. El resultado es un catálogo que acompaña distintos estilos de vida, orientaciones y curiosidades, con una misma promesa: confianza, confort y una estética del tacto que invita a explorar.

Experiencias K‑Y: cuando el deslizamiento transforma el encuentro

Un buen lubricante no es un añadido; es un ambiente. K‑Y ayuda a que las caricias se vuelvan más suaves, que los movimientos sean más fluidos y que el foco se sitúe donde debe estar: en el placer compartido, en la atención plena, en el juego de ritmos que surge cuando todo fluye.

En un encuentro a solas, una textura sedosa puede convertir un ritual cotidiano en un momento de descubrimiento. En pareja, facilita la sincronía y reduce la fricción innecesaria, ofreciendo una experiencia más amable y envolvente. En exploraciones anales o en prácticas que requieren un extra de comodidad, elegir la base y la densidad adecuadas marca la diferencia entre “funciona” y “disfruto”.

Con juguetes y accesorios

K‑Y convive de forma natural con el uso de juguetes y accesorios íntimos. Sus geles acuosos, por su limpieza fácil y su perfil biológicamente inerte, resultan una opción versátil para acompañar materiales habituales y favorecer una experiencia más suave desde el primer contacto. En el caso de fórmulas no hidrosolubles, la marca sugiere revisar las recomendaciones de uso y compatibilidad de cada producto, manteniendo el mismo criterio de base: placer informado, cuidado sincero.

En todos los casos, lo esencial es escuchar al cuerpo, ajustar la cantidad y reaplicar cuando el ritmo lo pida. El lubricante correcto no roba protagonismo: lo realza con sutileza.

K‑Y en el universo Erotiks

En Erotiks celebramos la sensualidad con elegancia. K‑Y se integra de forma orgánica en nuestra visión: placer sin prisas, confianza sin complejos y una estética del bienestar que abraza todas las formas de amar. Su herencia centenaria y su foco en la calidad hacen que sus fórmulas sean un punto de partida ideal para quienes buscan una experiencia cuidada, ya sea en el día a día o en ocasiones especiales.

Si te atrae la sensación ligera y la limpieza fácil, puedes descubrir nuestra selección de lubricantes a base de agua, perfectos para sentir naturalidad y confort inmediato. Para quienes desean un deslizamiento más prolongado, con menos necesidad de reaplicar, también puedes explorar lubricantes de silicona de larga duración y afinar así tu ritual íntimo. Y si buscas una comodidad específica para el juego anal, nada como visitar nuestra curaduría de lubricantes anales, diseñada para potenciar la confianza desde el primer gesto.

Más que “otro producto”, K‑Y es una manera de entender el tacto: suave, precisa y respetuosa. Esa sensibilidad compartida es la que hace que la marca y Erotiks hablen el mismo idioma.

Criterios sensoriales para elegir tu K‑Y

Elegir un lubricante es elegir una sensación. Algunas pautas sencillas pueden ayudarte a encontrar el que mejor encaja con tu momento y tu estilo:

  • Si buscas una experiencia limpia, ligera y versátil, un gel a base de agua ofrece comodidad inmediata y se lava con facilidad.
  • Si priorizas una duración más extensa del deslizamiento, considera fórmulas de mayor permanencia (silicona o híbridas), atendiendo siempre a las indicaciones del fabricante sobre compatibilidades.
  • Para quienes desean un toque sensorial extra, las opciones con efecto cálido o estimulante añaden matices sin complicar la rutina.
  • Si tu piel agradece la sobriedad, apuesta por fórmulas sin perfumes ni colorantes añadidos y con texturas que no dejen residuo.
  • Si notas que un gel a base de agua se seca con el tiempo, reactívalo con una gota de agua y continúa a tu ritmo.
  • Considera el formato: desde geles densos para una aplicación precisa, hasta opciones más fluidas cuando quieres mayor alcance con menos cantidad.
  • Recuerda: los lubricantes estándar de K‑Y no contienen espermicida y no son un método anticonceptivo. Elige la protección que prefieras por separado.
  • Revisa las indicaciones de cada producto para confirmar compatibilidad con materiales y accesorios, así como el modo de uso recomendado.

Lo importante es que el lubricante te ayude a escuchar tu cuerpo, no a silenciarlo. Cuando la textura acompaña, el deseo respira mejor.

Calidad que se siente: estándares de formulación y cuidado

El compromiso de K‑Y con la calidad no es un eslogan: se reconfirma en detalles que importan. Sus geles acuosos, por ejemplo, se formulan para ser biológicamente inertes, no manchar y permitir una limpieza sencilla. La regulación del pH, la elección de conservantes y la consistencia del gel responden a un principio claro: priorizar la seguridad y la comodidad sin complicar el ritual íntimo.

La marca cuida, además, ese “silencio sensorial” que tanto agradece la piel: sin aromas que roben protagonismo, sin colores que distraigan, sin residuos pegajosos. Es un minimalismo sensorial que suma: lo justo para facilitar el placer, lo necesario para que el cuerpo se mueva con confianza.

Rituales, tiempos y formas: el arte de aplicar

El momento de aplicar un lubricante también es juego. Piensa en K‑Y como en una pincelada fina: se coloca donde importa, en la cantidad adecuada, con la intención de acompañar. Una regla simple puede ser útil: comienza con poco, distribuye con calma y añade más si el ritmo te lo pide. El objetivo no es cubrir, sino realzar. A veces, una gota bien puesta dice más que un exceso.

Para quienes integran juguetes, una aplicación inicial en el punto de contacto y otra en la superficie del accesorio suele ser suficiente. En prácticas que requieren un deslizamiento prolongado, puede ser útil tener a mano el envase para reforzar la sensación cuando la temperatura del cuerpo y el tiempo avancen. Escucha, ajusta, disfruta: no hay prisa cuando el placer sabe esperar.

Conexión emocional: cuando el confort libera la mente

La suavidad tiene una cualidad psicológica: libera. Al reducir la fricción física, K‑Y también reduce la fricción mental que a veces aparece como tensión o expectativa. Un encuentro confortable deja más espacio a la ternura, al humor, a las pausas, a ese tipo de complicidad que enciende la intimidad desde lo sutil. No es casualidad que tantas personas asocien a K‑Y con confianza: cuando sabes que todo va a fluir, el cuerpo se entrega con más facilidad.

La inclusión también es emoción. Un producto que se adapta a todas las edades, cuerpos y orientaciones envía un mensaje claro: el placer es un derecho cotidiano, no una excepción. Ese es el efecto de una marca que entiende de piel y de historias.

Más allá del dormitorio: la versatilidad de una textura bien pensada

La solvencia técnica de K‑Y tiene raíces médicas, y eso se nota en su limpieza, en su precisión y en su perfil hidrosoluble. Ese mismo carácter ha hecho que sus geles aparezcan en contextos tan distintos como la práctica clínica o el mundo del cine, donde las texturas “slimy” de efectos especiales han encontrado en su densidad una aliada creativa. No se trata de una anécdota, sino de un testimonio de calidad: cuando una textura funciona así de bien, su utilidad va más allá del uso íntimo sin traicionar su delicadeza original.

Una mirada global con sensibilidad local

Con más de cien años de historia y una presencia extendida, K‑Y ha sabido adaptarse sin perder su esencia. La marca ajusta portafolios por mercados y contextos culturales, proponiendo líneas que responden a sensibilidades distintas y a tendencias de uso que evolucionan. Incluso sus cambios de nombre en regiones concretas responden a esa búsqueda de cercanía. Lo importante permanece: un compromiso con el bienestar sexual entendido como cuidado, como comodidad y como cultura del placer.

Cierre: la suavidad que abre caminos

Hay caricias que no hacen ruido, pero lo cambian todo. K‑Y es esa clase de compañía: discreta, elegante, decisiva. Un gel que se funde con tu ritmo; una textura que convierte el contacto en un paisaje sereno; una promesa que se cumple cada vez que la piel lo pide. En Erotiks celebramos esa forma de placer que no se impone, sino que acompaña.

Si el deseo es un lenguaje, la lubricación es su gramática: la que da sentido, fluidez y belleza a cada frase. K‑Y escribe esa gramática con sutileza y respeto, para que cada historia íntima —la tuya— encuentre el pulso que la hace inolvidable.

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